Conclusiones principales
- Los elevados rendimientos iniciales pueden ayudar a sustentar las perspectivas de retorno. Los atractivos rendimientos de los bonos en mercados desarrollados y mercados emergentes establecen una base para el beta de la renta fija, es decir, los retornos impulsados principalmente por el desempeño general del mercado, mientras que una asignación globalmente diversificada a bonos puede ofrecer retornos atractivos para el nivel de riesgo asumido.
- Las trayectorias económicas están divergiendo entre países y sectores. Los cambios estructurales en la inversión en IA, los mercados energéticos y la política fiscal están generando una diferenciación más persistente entre ganadores y perdedores en distintas regiones y clases de activos.
- Una mayor dispersión de resultados crea más oportunidades potenciales para que los gestores activos agreguen valor. En un mundo marcado por la fragmentación, las estrategias flexibles pueden buscar más oportunidades para generar alfa, es decir, retornos generados mediante decisiones activas, que los enfoques estáticos basados en índices.
El reajuste de los rendimientos de los bonos globales a principios de la década de 2020 estableció una base para el retorno que los inversionistas en renta fija pueden obtener simplemente por estar expuestos al mercado en general. Los rendimientos iniciales —históricamente con una alta correlación con los retornos proyectados a cinco años— se encuentran ahora en niveles que, sencillamente, no estuvieron disponibles durante la mayor parte de la década anterior. Esto significa que los inversionistas pueden volver a considerar los bonos como una clase de activos con potencial para generar retornos, y no únicamente como una asignación defensiva.
Pero el rendimiento es solo el punto de partida. La pregunta central para los inversionistas hoy es cómo debería ser esa exposición al rendimiento. Cada vez más, la respuesta puede apuntar a una asignación global a bonos que abarque tanto mercados desarrollados como mercados emergentes (ME).
A medida que la fragmentación geopolítica transforma el comercio, las políticas y los flujos de capital, la dispersión entre países y mercados aumenta, lo que significa que los resultados en materia de crecimiento, inflación y tasas de interés divergen cada vez más entre regiones (para obtener más información, consulte nuestras más recientes Perspectivas Seculares, "Ruptura y resiliencia"). Las trayectorias económicas divergentes están generando una mayor variación entre países, divisas y mercados de crédito, ampliando en la práctica el conjunto de oportunidades para que los gestores activos busquen retornos más allá de los que puede ofrecer el mercado en general.
El resultado es una combinación poco frecuente: una sólida base de rendimientos iniciales a nivel global que respalda los retornos del mercado en general (beta1), junto con condiciones propicias para obtener retornos impulsados por decisiones activas de inversión (alfa2).
Por qué el beta global resulta atractivo
Una asignación a renta fija construida únicamente con los componentes tradicionales de ciertos bonos de mercados desarrollados (MD) —crédito con grado de inversión, alto rendimiento y activos titulizados— puede limitar el potencial de retorno al restringir el conjunto de oportunidades de inversión.
Una asignación verdaderamente global funciona de manera diferente. Al invertir en MD y ME, los inversionistas pueden beneficiarse de los niveles de rendimiento inicial, actualmente más atractivos, en diversos mercados (ver el gráfico 1). Incorporar deuda soberana y tasas locales de MD y ME puede ayudar a ampliar el potencial de retorno, mejorar la resiliencia en distintos entornos macroeconómicos y respaldar el potencial de desempeño en relación con el riesgo.
La razón es la diversificación inherente. Los bonos locales de los MD y ME suelen responder a distintos factores: diferentes ciclos de tasas, trayectorias fiscales divergentes y dinámicas cambiarias diferenciadas. Contar con esa amplitud de exposición constituye, por sí misma, una fuente potencial de retorno, ya que permite capturar primas por riesgo a las que una asignación más limitada, por su propia naturaleza, no puede acceder, al tiempo que contribuye a mitigar el riesgo.
Hoy, por ejemplo, creemos que las economías de ME merecen una atención renovada. Los balances de los ME han sido relativamente conservadores y presentan una sólida posición desde el punto de vista fiscal. La inflación en los ME, incluso excluyendo a China, es ahora inferior a la inflación de EE. UU. por primera vez en la historia registrada, lo que refleja la actuación de bancos centrales creíbles con una postura restrictiva, que elevaron las tasas de forma agresiva y las están reduciendo lentamente. Los rendimientos reales (ajustados por inflación) siguen siendo elevados en comparación con los de los mercados desarrollados, lo que ha generado una ventaja persistente en términos de valoración.
Los portafolios que excluyen la exposición a segmentos locales de los mercados emergentes están renunciando a una parte significativa de la oportunidad global en renta fija, precisamente en un momento en que sus beneficios de diversificación parecen más atractivos.
Una perspectiva macroeconómica: IA, energía y dispersión estructural
El argumento a favor de las asignaciones globales a bonos se basa, en gran medida, en la diversificación. Lo que observamos que está cambiando hoy —y que refuerza ese argumento— es el aumento de la dispersión estructural entre países y mercados, en un contexto de diferencias persistentes en el crecimiento, la inflación y los flujos de capital.
La economía global se está reorganizando actualmente en torno a dos poderosas fuerzas estructurales: un obstáculo derivado de la reconfiguración de los mercados energéticos y un impulso proveniente de la inversión impulsada por la IA. Lo más importante es que estas fuerzas son asimétricas y están generando ganadores y perdedores tanto en los MD como en los ME.
En los MD, EE. UU. se ha beneficiado de la exposición a la IA y de una relativa independencia energética, mientras que Europa, el Reino Unido y Japón enfrentan la combinación opuesta (ver el gráfico 2). En los ME, la dispersión es igualmente marcada: Corea y Taiwán se ubican entre los beneficiarios de la IA, a pesar de su vulnerabilidad energética; Brasil y los estados del Golfo se han beneficiado de su exposición a las materias primas; mientras que otros enfrentan obstáculos en ambas dimensiones.
Del beta al alfa: gestión activa en un mundo divergente
Estas mismas fuerzas están ampliando la brecha entre los resultados de la gestión activa y la gestión pasiva. Las trayectorias divergentes de la política monetaria, la dinámica fiscal y las exposiciones estructurales a la IA y la energía están ampliando el rango de resultados entre las tasas, el crédito y las divisas, generando ineficiencias que los gestores especializados pueden tratar de aprovechar.
La divergencia de los ciclos de tasas entre los MD y ME, los cambios estructurales en los términos de intercambio entre importadores y exportadores de energía, y el impacto disparejo del gasto de capital impulsado por la IA están generando diferencias de valoración a las que una asignación nacional o regional no puede acceder. Los gestores con la flexibilidad para asignar activos globalmente —posicionándose a lo largo de los distintos ciclos de tasas y aprovechando el valor relativo entre curvas de rendimiento y divisas— pueden buscar generar retornos excedentes compuestos a lo largo de un ciclo completo.
La generación de alfa en este entorno implica identificar ineficiencias duraderas, como la prima de rendimiento en economías de ME cuyos bancos centrales con una postura restrictiva se han adelantado a la Reserva Federal, o crédito con valoraciones erróneas en sectores que están siendo transformados por el gasto de capital impulsado por la IA. También implica construir portafolios resilientes, con un enfoque explícito en el riesgo a la baja y las bajas correlaciones, y permitir que las valoraciones orienten las decisiones entre sectores, regiones y tipos de activos.
En un mundo más fragmentado e incierto, las exposiciones estáticas a índices parecen menos preparadas para desenvolverse en un entorno de divergencia, mientras que las estrategias activas pueden asignar posiciones de forma dinámica entre países, sectores e instrumentos. Esto tiene menos que ver con el posicionamiento de corto plazo y más con una oportunidad secular. En un entorno de dispersión persistente, obtener una prima por la complejidad, mantener la disciplina a medida que evolucionan los spreads y preservar la liquidez para futuras oportunidades pueden sentar las bases para generar retornos excedentes sostenibles.
- Beta es una medida de sensibilidad del precio frente a las fluctuaciones del mercado. El beta del mercado es 1. ↩
- Alfa es una medida de rentabilidad en términos ajustados al riesgo, que se calcula comparando la volatilidad (riesgo de precio) de un portafolio y su rentabilidad ajustada al riesgo respecto de un índice de referencia; el exceso de rentabilidad en relación con el índice de referencia es el alfa. ↩