Introducción a la renta fija
Si siente que el mundo de la inversión se ha vuelto más rápido y complejo, existe un segmento del mercado conocido por su relativa estabilidad. La renta fija es una clase de activo que puede ayudar a los inversionistas a preservar el capital, generar ingresos periódicos y beneficiarse de la posible revalorización del capital. En este artículo repasaremos los conceptos básicos de la renta fija, sus principales componentes y las razones por las que puede encajar en sus objetivos de inversión.
Por qué se le llama renta fija a los bonos
En el mercado de renta variable, las empresas emiten acciones con las que los inversionistas pasan a ser propietarios de una participación en la compañía. Sin embargo, las inversiones en renta fija —normalmente, bonos emitidos por gobiernos y empresas— implican que los inversionistas le prestan dinero al emisor durante un plazo determinado (por ejemplo, 2, 10 o incluso 30 años). A cambio, los inversionistas reciben pagos periódicos de intereses y recuperan el principal, que es la cantidad original del préstamo (también conocida como valor nominal) cuando finaliza la vida del bono, es decir, al vencimiento.
Los bonos le pagan al prestamista (el inversionista) una tasa de interés fija (o ingreso), que se denomina cupón, a intervalos regulares durante la vida del bono, ya sea trimestral, semestral o anualmente. Este calendario predecible de pagos es la característica que define a la renta fija.
En la fecha de vencimiento del bono, el inversionista recibe su valor nominal. Por ejemplo, imaginemos que un gobierno o una empresa emite un bono a 10 años con un valor nominal de US$1.000 y un cupón anual del 5% en el momento de la emisión. El inversionista entrega US$1.000 para adquirir el bono, recibe 50 dólares al año en concepto de cupones y, siempre que no se produzca un impago, recupera el valor nominal original de US$1.000 al vencimiento.
Cómo se calcula el valor de un bono
Sin embargo, eso es solo una parte de la historia. Los bonos pueden negociarse antes de que venzan y sus precios de mercado fluctúan, igual que ocurre con las acciones. Si un bono resulta atractivo para los inversionistas, su precio de mercado aumentará. Aquí es donde entra en juego el concepto de rendimiento, que representa el retorno efectivo que obtiene un inversionista por prestar su dinero.
Aunque el cupón es fijo, el rendimiento varía en función de cómo cambie el precio de mercado del bono. Cuando el precio de un bono sube, su rendimiento disminuye, ya que pagar más por un bono de US$1.000 hace que el pago fijo del cupón resulte menos atractivo. En cambio, comprar un bono por debajo de su valor nominal aumenta el rendimiento efectivo que obtiene el inversionista.
En resumen, el rendimiento indica los ingresos y el retorno total que obtendrá de un bono, dependiendo del precio que pague por él y del tiempo que lo mantenga.
Factores de inversión para considerar
Uno de los factores que más influyen en el precio de los bonos son las tasas de interés. Por ejemplo, si un banco central como la Reserva Federal de EE. UU. sube las tasas, los nuevos bonos del Tesoro emitidos por el gobierno estadounidense ofrecerán cupones más altos, lo que le restará atractivo a los bonos ya existentes, que ofrecen cupones más bajos, y hará que su precio caiga. Por el contrario, cuando las tasas de interés bajan, los bonos antiguos con cupones más altos se vuelven más atractivos, por lo que sus precios suben. Esta relación inversa explica por qué los precios de los bonos y las tasas de interés suelen moverse en direcciones opuestas.
La inflación puede erosionar el valor real de los cupones que pagará un bono en el futuro, presionando su precio a la baja. La calidad crediticia del emisor, es decir, la probabilidad de que el prestatario que emite el bono cumpla puntualmente con sus obligaciones de pago, también es un factor importante. Si el riesgo percibido de invertir en un gobierno o una empresa aumenta, su calificación de crédito podría deteriorarse y provocar una caída en el precio de mercado de sus bonos. Además, los bonos a más largo plazo suelen ser más sensibles a las variaciones de las tasas de interés, y la demanda de los inversionistas también puede influir en los precios.
Las fluctuaciones de precios son menos relevantes para los inversionistas que mantienen los bonos hasta el vencimiento, siempre que el emisor cumpla con sus obligaciones de pago.
Sin embargo, todos los inversionistas en renta fija deben tener presente el riesgo de impago. Aunque es poco frecuente, el impago se produce cuando el emisor no puede repagar el valor nominal o los cupones en la fecha prevista. En caso de quiebra o liquidación, los tenedores de bonos tienen prioridad sobre los accionistas a la hora de recuperar su inversión.
Ninguna inversión está completamente exenta de riesgo, y la renta fija no es una excepción. No obstante, la renta fija suele considerarse menos arriesgada que la renta variable porque representa préstamos que los emisores están legalmente obligados a devolver. En cambio, las acciones no ofrecen esa misma garantía de pago.
Por qué considerar la renta fija
Cuando hay incertidumbre en los mercados, los inversionistas suelen reducir su exposición a los activos de mayor riesgo, como la renta variable, y pueden refugiarse en la renta fija, que generalmente se considera un componente más estable dentro de un portafolio diversificado. Incorporar bonos a un portafolio puede ayudar a gestionar el riesgo y aporta beneficios potenciales como la generación de ingresos, la preservación del capital y una mayor diversificación de las inversiones.
Cómo invertir en renta fija
Los inversionistas en renta fija pueden elegir entre un gran número de estrategias de inversión, en función del papel que desempeñen los bonos en su portafolio de inversión. Los inversionistas pueden comprar bonos directamente a través de una cuenta de valores, un canal de distribución gubernamental o una plataforma electrónica de negociación. También pueden invertir en fondos de renta fija gestionados por sociedades gestoras de activos. Por otro lado, un creciente número de inversionistas está optando por los fondos que cotizan en bolsa (ETFs), que se negocian diariamente en distintos mercados de todo el mundo. Tanto los fondos de renta fija como los ETFs suelen invertir en una amplia variedad de bonos, como bonos corporativos, bonos del Tesoro o bonos high yield. Con una inversión mínima que puede oscilar entre unos pocos cientos y unos pocos miles de dólares, los fondos de renta fija permiten que los particulares accedan a un portafolio diversificado de bonos gestionado por profesionales de inversión.